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IEA (2025), Una Hoja de Ruta del Sector Energético Hacia Cero Emisiones Netas en Colombia, IEA, Paris https://www.iea.org/reports/an-energy-sector-roadmap-to-net-zero-emissions-in-colombia?language=es, Licence: CC BY 4.0
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Colombia es uno de los casos de éxito en materia de crecimiento de la región
Colombia es el tercer país más poblado de América Latina y el Caribe (ALC), con 53 millones de habitantes. Su economía ha mostrado un crecimiento constante desde 1971, incluso durante la "década perdida" de los años ochenta en la región, y con muy pocas excepciones en crisis globales. Desde 2015, el PIB ha crecido en promedio un 2,4% anual, superando la media regional del 1,2%. Este desempeño se ha acompañado de mejoras tangibles en los indicadores del nivel de vida: en 2024, más del 90% de la población accede a soluciones de cocción limpia y electricidad, y la tasa de pobreza cayó del 24% en 2000 a menos del 8%.
Las exportaciones de combustibles fósiles han sido importantes para su crecimiento económico...
En la economía colombiana, las exportaciones están impulsadas principalmente por recursos naturales y, en menor medida, por bienes de alto valor. Aunque los sectores de servicios y agricultura representan una alta proporción del PIB colombiano, los combustibles fósiles seguían representando el 10% del PIB y el 45% del total de las exportaciones en 2024, a pesar de las tendencias decrecientes en la producción. Colombia es el sexto mayor exportador mundial de carbón y el cuarto mayor exportador de petróleo en la región, lo que la expone a la volatilidad de los precios internacionales. Exportar materias primas e importar bienes de mayor valor, como productos refinados o automóviles, sitúa a Colombia como importador neto en términos monetarios.
… y los combustibles fósiles lideran la matriz energética de Colombia
En 2024, más del 75% de la demanda energética total de Colombia se cubrió con combustibles fósiles: el petróleo aportó más del 40%, seguido por gas natural y carbón. El petróleo es el principal combustible utilizado para satisfacer la demanda de transporte con un 90%, mientras que el carbón desempeña un papel central en la satisfacción de las necesidades de la industria, con un 40%. La electricidad representa el 18% del consumo final, con un 40% destinado a cubrir la demanda energética de las edificaciones. La energía hidroeléctrica ha generado alrededor de dos tercios de la electricidad del país en la última década, aunque su participación anual fluctúa hasta 10 puntos porcentuales debido a los ciclos de El Niño y La Niña, que afectan precipitaciones y temperatura, lo que repercute en los niveles de los embalses.
Las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado; Colombia se ha comprometido a lograr emisiones netas cero
El crecimiento económico y demográfico ha provocado que la demanda total de energía de Colombia casi se haya duplicado entre 2000 y 2024, y tres cuartas partes de este crecimiento se cubrieron con combustibles fósiles. Como resultado, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) relacionadas con la energía aumentaron más del 50% en ese periodo. En 2021, estas emisiones representaron alrededor del 30% del total nacional, mientras que el uso del suelo, cambio de uso y silvicultura aportaron cerca del 40%, y la agricultura un 20%. La Estrategia a Largo Plazo de Colombia E2050, publicada en 2021, fija como meta alcanzar emisiones netas cero de GEI para 2050. Para lograrlo, Colombia busca reducir en un 90% sus emisiones energéticas respecto a 2015, y compensar el 10% restante mediante secuestro de CO2 en el suelo.
Una hoja de ruta hacia emisiones netas cero
A solicitud del Gobierno de Colombia, la Agencia Internacional de Energía (AIE) elaboró este informe, Una Hoja de Ruta del Sector Energético Hacia Cero Emisiones Netas en Colombia. El trabajo se llevó a cabo en estrecha colaboración con la Unidad de Planeación Minero y Energética (UPME) y el Ministerio de Minas y Energía (MME). La contribución de la AIE complementa —y se ha beneficiado de— la modelación y el análisis de alta calidad que ya se están realizando en Colombia para identificar sendas hacia un objetivo de emisiones netas cero.
No existe un camino único hacia emisiones netas cero para Colombia. Este informe presenta una posible senda hacia emisiones netas cero, sin pretender ser la única. Nuestro análisis se centra en el Escenario de Compromisos Anunciados (Announced Pledges Scenario o APS) de la AIE, en el que Colombia alcanza su compromiso de emisiones netas cero para 2050 junto con todos los demás países que cumplen sus objetivos anunciados de emisiones netas cero a largo plazo.
Colombia puede aprovechar una base sólida de recursos energéticos limpios
El consumo final per cápita de Colombia es estructuralmente bajo –una cuarta parte del promedio de la OECD– debido a: una alta proporción de vehículos de dos o tres ruedas frente a automóviles más intensivos en combustible para sus ciudades congestionadas; industrias poco intensivas en energía que representan una alta proporción de la demanda industrial; y un clima que reduce la necesidad de calefacción residencial. Colombia cuenta con abundantes recursos poco explotados para generar energía limpia. El potencial permanece en el sector hidroeléctrico bien desarrollado del país, facilitado por el paisaje ondulado que proporciona emplazamientos para represas cercanas a los centros poblacionales. Los recursos solares y eólicos de Colombia también son sólidos: el factor de capacidad de la energía solar fotovoltaica promedia alrededor del 17%, con mayor potencial en el centro y en el norte, mientras que los factores de capacidad eólica pueden superar el 45% en La Guajira, niveles por encima de los promedios globales.
Un camino con dos pasos importantes: descarbonizar el sector eléctrico y ampliar la electrificación para 2035...
Para 2035, esta senda revierte la tendencia de aumento de emisiones de Colombia mediante el despliegue de tecnologías de energía limpia, lo que permite una disminución de la demanda de combustibles fósiles. Esto supone una reducción del 30% de las emisiones en 2035 en el APS en comparación con los niveles actuales. El sector eléctrico aporta la mitad de esta caída, ya que la energía solar fotovoltaica y, en parte, la eólica se consolidan, reduciendo la intensidad de emisiones del sector en más de un 85%, hasta menos de 35 gramos de CO2 por kilovatio-hora. La electrificación de los usos finales —por ejemplo, las ventas de vehículos eléctricos (VE) alcanzan el 80% del mercado en 2035 en el APS— desplaza a los combustibles fósiles, compensando los aumentos de emisiones derivados del crecimiento económico. Además, las políticas sólidas y la disminución de la producción de combustibles fósiles provocan una reducción de las emisiones de metano relacionadas con la energía de alrededor del 75% hasta 2035.
… Luego acelerar la tecnología limpia en los usos finales después de 2035
Después de 2035, el despliegue de tecnología limpia en los sectores de uso final —que ya había comenzado a tomar impulso— se acelera aún más, convirtiéndose en el principal motor de la disminución de emisiones. Sólo el sector del transporte representa la mitad de la disminución de emisiones entre 2035 y 2050, a medida que las ventas continuas de vehículos eléctricos se integran en un parque cada vez más electrificado. Alrededor del 40% de las reducciones de emisiones provienen de los sectores de industria y edificaciones, a medida que la electrificación y las mejoras en eficiencia se consolidan. La bioenergía, el hidrógeno y la captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) contribuyen a estas reducciones de emisiones y desempeñan un papel crucial en el transporte de larga distancia y en las industrias intensivas en energía. En el sector eléctrico, la expansión de la energía solar fotovoltaica y eólica continúa, complementada por un aumento del 50% en la capacidad de fuentes despachables de bajas emisiones entre 2035 y 2050, para garantizar que la demanda eléctrica en rápido aumento pueda ser cubierta mediante renovables en sustitución de combustibles fósiles, con la eliminación progresiva del carbón para 2040.
La electrificación de la creciente flota de vehículos descarboniza el sector del transporte
El sector del transporte representa actualmente casi el 40% del consumo final total y las emisiones de Colombia, principalmente en forma de productos refinados de petróleo importados. Aunque los vehículos de dos y tres ruedas representan el 70% de los vehículos, los automóviles y camionetas representan casi la mitad de la demanda de transporte, y el crecimiento económico más que duplica la propiedad de automóviles para 2050 en el APS. El despliegue de los VE es crucial para detener el aumento de emisiones: la proporción de vehículos eléctricos en las ventas de automóviles sube bruscamente de un tercio en 2030 a prácticamente todos los automóviles en 2040, permeando cada vez más la flota de automóviles, de modo que para 2050 más del 80% de los automóviles en circulación son vehículos eléctricos. Los autobuses eléctricos siguen el mismo camino, basándose en los 1 500 ya desplegados en Bogotá y apoyando la descarbonización del transporte público en ciudades con geografías difíciles para la infraestructura del metro. A pesar del terreno montañoso de Colombia y de los desafíos para cumplir con los requisitos de carga de larga distancia, el 70% de todos los camiones pesados de carga serán eléctricos para 2050, con biocombustibles e hidrógeno cubriendo esa brecha.
La electrificación se vuelve cada vez más competitiva en la industria ligera
El sector industrial colombiano está preparado para un crecimiento sustancial, en especial las industrias no intensivas en energía, casi duplicando su producción para 2050. En el APS, la electricidad se convierte en la principal fuente de energía de la industria para 2050, seguida de la bioenergía. La electrificación está impulsada por industrias no intensivas en energía, como la industria alimentaria, que representa una cuarta parte de la demanda energética industrial actual de Colombia. A medida que aumentan los precios del carbono, las bombas de calor y las calderas eléctricas se vuelven cada vez más competitivas para procesos de baja temperatura. Al desplazar al carbón, la proporción de electricidad en la energía para el procesamiento de alimentos aumenta de alrededor del 15% en 2024 al 45% en 2050. Las industrias intensivas en energía experimentan una electrificación más lenta, pero los avances en tecnologías de hidrógeno, bioenergía y CCUS ofrecen un potencial a largo plazo para reducir las emisiones.
Las ganancias en eficiencia equilibran los aumentos en la demanda energética derivados del uso de aire acondicionado
El aumento de los ingresos, la ampliación de las superficies y el acceso a equipos domésticos impulsan la demanda energética en las edificaciones. La proporción de electricidad en la matriz de combustibles del sector se duplica hasta el 80% para 2050, apoyada por la electrificación generalizada de la cocina y la rápida adopción de la demanda de refrigeración, ya que se proyecta que la tasa de propiedad de aires acondicionados se cuadruplicará para mediados de siglo. Las ganancias en eficiencia —especialmente a través de normas mínimas ambiciosas de eficiencia energética para aire acondicionado y electrodomésticos— juegan un papel importante en frenar el crecimiento de la demanda, evitando 215 PJ para 2050, la mitad de la demanda actual de las edificaciones.
Las energías renovables variables y despachables sustentan la transición del sector eléctrico
La energía solar fotovoltaica emerge como la principal fuente de generación eléctrica, con una capacidad superior a 65 GW para 2050, similar a la capacidad actual de Brasil. Ayuda a satisfacer la demanda eléctrica que, incluyendo la producción de hidrógeno, casi se cuadruplica hasta 300 TWh en 2050 en el APS. Aunque la capacidad eólica crece hasta 25 GW para 2050, la capacidad despachable de bajas emisiones proveniente de hidroeléctrica, nuclear, bioenergía y geotermia se duplica hasta 30 GW, reforzando la confiabilidad del sistema. La flexibilidad de la red se ve reforzada adicionalmente por una rápida ampliación del almacenamiento en baterías, que alcanza 48 GW en 2050. Parte de la generación de gas natural y petróleo permanece para uso de respaldo y acceso a electricidad en zonas remotas. La red eléctrica, que abarca más de 750 000 km en 2024, casi se duplica para satisfacer la creciente demanda e integrar las renovables variables, lo que prevé que la inversión anual en la red aumente hasta los 4 200 millones de dólares americanos para 2050.
Los combustibles alternativos completan el balance
Aprovechando el potencial del sector agrícola colombiano y otros residuos, la proporción de la bioenergía en la demanda total de energía aumenta del 10% en 2024 al 25% en 2050. La producción nacional de biocombustibles líquidos pasa de fuentes convencionales a fuentes emergentes como desechos y residuos; la bioenergía sólida aumenta en industrias intensivas en energía y en el sector eléctrico; y la bioenergía gaseosa aporta una mayor proporción de la generación eléctrica. Mientras tanto, la producción de hidrógeno de bajas emisiones se dispara a través de proyectos de electrólisis de agua, alcanzando alrededor de 1,2 millones de toneladas para 2050 en el APS, mientras Colombia capitaliza su fuerte potencial de renovables y sus costos de producción competitivos. El crecimiento inicial del hidrógeno de bajas emisiones está impulsado por las exportaciones, pero la demanda interna, en especial del transporte y la industria, crece de forma constante.
Una transición justa será necesaria para gestionar los cambios en el empleo entre sectores
Las transiciones energéticas justas son centrales en el marco de política pública de Colombia. En el APS, el país acelera su progreso en el aumento del acceso a la electricidad y a las soluciones de cocción limpia: 4,2 millones de personas tendrán acceso a soluciones de cocción limpia para 2030 para así alcanzar el acceso universal. El cambio hacia tecnologías de bajas emisiones crea nuevas oportunidades de empleo, estimadas en 85 000 empleos adicionales para 2035. Sin embargo, la disminución del empleo en el sector de combustibles fósiles significa que el empleo total en el sector energético se mantendrá estable hasta 2035 en el APS, con alrededor de 300 000 empleos. Los desafíos laborales de transición probablemente serán más agudos en departamentos productores de combustibles fósiles como La Guajira, Casar (carbón) o Meta (petróleo). Son posibles algunas sinergias: alrededor de un tercio de los proyectos actuales de bajas emisiones se encuentran a menos de 50 kilómetros de las minas de carbón. El apoyo estratégico a las industrias vinculadas a la transición energética podría incluso aumentar el número total de empleos en el sector energético, acompañado de la recapacitación de los trabajadores para ayudarles a cambiar de empleo hacia tecnologías de bajas emisiones.
La seguridad y la resiliencia energética se ponen a prueba por las amenazas naturales
La seguridad eléctrica de Colombia está influida por su variabilidad climática. Tiene estaciones alternadas lluviosas y secas, con eventos de El Niño y La Niña que amplifican las variaciones en los patrones de precipitación y temperatura. Con la generación hidroeléctrica liderando actualmente y una senda hacia emisiones netas cero cada vez más dependiente de energías renovables variables, los patrones meteorológicos y el cambio climático enfatizan la necesidad de planificar un sistema energético resiliente. La producción hidroeléctrica podría disminuir hasta un 25% para 2100 en escenarios de alto calentamiento. Fuentes complementarias de bajas emisiones despachables como la bioenergía, la geotermia y la energía nuclear ayudarán a aliviar la presión, pero a medida que la energía renovable se expanda y el uso de combustibles fósiles disminuya, una mejor gestión de la red y un aumento de la flexibilidad del sistema serán fundamentales. Además, las sequías y los incendios forestales —ambos agravados por El Niño— son consideraciones adicionales para la ubicación y gestión de la red eléctrica; más de la mitad de las redes actuales de Colombia se encuentran en zonas propensas a incendios. Aunque la infraestructura necesaria para la electrificación de los usos finales introduce nuevos desafíos de seguridad, también mejora la seguridad energética al reducir la dependencia, en especial de los productos petrolíferos refinados.
Es esencial superar las barreras de inversión para una transición exitosa
Se espera que la inversión en energías limpias supere por primera vez la inversión en combustibles fósiles en 2025 y alcance casi el 85% de la inversión energética anual total para 2035 en el APS. La transición del sector eléctrico representa la mitad de la inversión en energía limpia, principalmente para construir infraestructura de red, energía solar fotovoltaica, generación eólica y almacenamiento en baterías; el resto se destina a usos finales como vehículos eléctricos y modernización de edificaciones. La financiación pública internacional es crucial para movilizar la inversión privada en la transición, en especial dados los menores ingresos procedentes de los combustibles fósiles. La Plataforma País de Colombia es una iniciativa clave para movilizar recursos que apoyen esta transición, aunque los altos costos de financiación y el acceso a deuda a largo plazo siguen siendo desafíos clave.
La economía energética de Colombia girará hacia una senda de emisiones netas cero
En una senda de emisiones netas cero, la economía del sector energético colombiano se orientará hacia tecnologías de energía limpia, lo que presenta oportunidades de crecimiento. A medida que la producción de sus yacimientos petrolíferos y gasíferos maduros disminuye, y sin una inversión significativa en nuevos desarrollos, el tamaño de su mercado de combustibles fósiles está destinado a disminuir, tanto si se sigue una senda de emisiones netas cero como si no. Sin embargo, la descarbonización del sistema energético colombiano desplaza el foco hacia otros sectores de mercado: se proyecta que el tamaño del mercado de energía limpia se multiplique por cinco para 2050 en el APS, trayendo consigo un nuevo conjunto de oportunidades de empleo y fuentes de ingresos. Con planificación estratégica y apoyo a industrias específicas, el tamaño del mercado de energía limpia de Colombia podría superar al del APS, potencialmente en un tercio en 2050. Aprovechar estas oportunidades dependerá de una acción coordinada y una sólida inversión para apoyar el cambio de los combustibles fósiles.